Reflexiones Federiquianas en torno a la construcción del nuevo sistema de evaluación.

Los días 28 y 29 de octubre de 2009, los docentes Federiquianos estuvimos en una discusión interesante motivada por la consolidación del nuevo sistema de evaluación del desempeño de los alumnos a la luz del nuevo decreto 1290. Se pudieron establecer coincidencias sobre la finalidad de la  evaluación.

La evaluación en la I.E.F.A. es un continuo proceso que nos informa acerca de la calidad y la solidez de los aprendizajes adquiridos por los estudiantes, así como de la efectividad de la enseñanza impartida por los docentes.  En concordancia con los lineamentos del proceso de enseñanza y aprendizaje, la evaluación se adapta a los diversos estadios de desarrollo de pensamiento y niveles de competencia en los saberes disciplinares que hacen parte de nuestro currículo. En términos generales, la evaluación se concibe como una herramienta para verificar la presencia de aprendizajes perdurables y útiles para la vida.

Considera el colectivo que el evaluar tiene un carácter social, orientada a constatar y certificar, ante los alumnos, los padres y la sociedad en general, el nivel de unos determinados conocimientos al finalizar una unidad, o un período  de aprendizaje. Esta evaluación es la que llamamos calificación o también evaluación sumativa, y que tiene una función de selección u orientación de los estudiantes.

Desde el punto de vista pedagógico la evaluación se orienta a identificar las modificaciones que hay que introducir en el proceso de construcción y apropiación del conocimiento. Cuando detectamos los errores que cometen los alumnos, podemos proponerles tareas complementarias, revisar nuestra forma de ayudarles a comprender cómo y por qué han de realizar una determinada tarea. Esta evaluación tiene la finalidad de “regular” tanto el proceso de enseñanza como el de aprendizaje y se acostumbra a llamar evaluación formativa.

Digamos que el hábito tradicional de la evaluación en nuestras instituciones nos ha permitido experimentar el tipo de evaluación sumativa. Es frecuente penalizar el error: cuando se hacen preguntas en clase y no las saben (un negativo), un examen mal respondido (baja nota), deberes mal hechos (otro negativo), talleres mal elaborados y registros o archivo personal mal diligenciado (otro negativo).

Generalmente el error se tiende a considerar en la escuela como algo negativo, algo que el estudiante aprende a ocultar para no ser penalizado. Sin embargo, el error es el punto de partida para aprender. Si leyendo un texto o escuchando una explicación asimiláramos completamente lo que el expositor ha intentado comunicarnos, no sería necesaria la escuela.

Con la calificación como expresión del resultado del proceso de evaluación se determina quién puede acceder o no, y en qué condiciones, al logro siguiente o en su defecto con el resultado final quien puede ser promovido al otro grado, y en última instancia, al mercado laboral y a un determinado estatus económico y social. La trascendencia de la calificación es percibida claramente por muchos alumnos y Padres de Familia, que asumen que el objetivo último de la enseñanza tiene más relación con las notas que puedan obtenerse que con los conocimientos que acaben adquiriendo. Muchos carecen de otra motivación que no sea la de conseguir la calificación adecuada para superar el área y los logros propuestos.

En el nuevo sistema de evaluación deben intervenir el  profesor  y  los alumnos, por aquello de la autoevaluación e incluso recurrir a la moderna pedagogía de la negociación para establecer acuerdos y practicar la evaluación integral. Todos aprendemos en momentos y modos distintos, esto significa que para mejorar los ritmos y estilo de aprendizaje de los estudiantes, debemos conocer sus puntos fuertes y débiles.

En tal sentido, es responsabilidad de los docentes  identificar los talentos y limitaciones para utilizar de manera creativa las estrategias que lo ayuden a seguir desarrollándose y superar las deficiencias.

En torno a la autoevaluación

El objetivo de las técnicas y herramientas de autoevaluación es permitir que el propio alumno, de forma autónoma, pueda determinar cuál es exactamente su grado de dominio de las distintas partes que componen una determinada área o asignatura. De este modo, el estudiante está en disposición de planificar de forma más eficiente su tiempo de estudio, asignando mayor carga de trabajo a aquellos tópicos en los que su conocimiento aún no puede calificarse como satisfactorio.

Involucrar a los estudiantes dentro del proceso de valoración y evaluación es parte fundamental para hacer de éste un proceso balanceado.

Cuando los estudiantes se convierten en miembros activos del proceso de aprendizaje adquieren una mejor perspectiva de ellos mismos como lectores, escritores y pensadores. A medida que los estudiantes reflexionan sobre lo que han aprendido y de qué manera lo han aprendido, ellos desarrollan herramientas que les permiten convertirse en aprendices más efectivos.

Los estudiantes necesitan examinar su trabajo y pensar sobre lo que hacen bien y cuáles son las áreas en las cuáles aún necesitan ayuda.

1 Comentario

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  • Me parece supremamente interesante la perspectiva de evaluación, no es nada raro que se dedique tanto tiempo a este asunto, ya que es un tema arduo y que aún no se encuentra claramente definido al interior del proceso educativo, resolver el problema de evaluar es casi tan complejo como resolver el problema del cómo aprende el ser humano…. desafortunada o quizá, afortunadamente, aún no hay una fórmula para el aprendizaje.