El caso Finlandia.

En Colombia, acostumbrados a procesos intrascendentes en educación, afirmación sustentada en múltiples razones o más modestamente incontables hipótesis que no vamos a enumerar, ¿nos debería impactar el exitoso proceso educativo de los finlandeses? Tema de esta NOTI-IEFA, reproducida de un artículo de la revista Semana. El interrogante genera, por supuesto, la reflexión obligada en torno a las enormes diferencias de tipo socio-económico, publico-político de una sociedad avanzada y con mayor sintonía de demandas educativas claves para el desarrollo de ese país. En nuestra querida Colombia, con las desigualdades más protuberantes de América Latina estamos condenados al atraso y la negligencia de un estado en manos de apáticos e irresponsables gobernantes que definitivamente tienen otros y perversos intereses, muy diferentes a cifrar su progreso a través de la educación. ¿Responderémos, un poco, al interrogante final del presente artículo?

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Menos tareas, mejores notas

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El mundo está sorprendido con el método de aprendizaje de las escuelas en Finlandia. En ese país nórdico, los niños tienen mayor equilibrio entre sus responsabilidades escolares y su tiempo libre, y ese estilo relajado lo ha convertido en uno de los países punteros en las pruebas PISA, que cada tres años realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés). Entre 1962 y 1999, el país nunca logró grandes promedios en educación, pero a partir del año 2000 se convirtió en uno de los mejores. Por eso, hoy no sorprende que los expertos hagan viaje expreso a Helsinki para saber cuál es el secreto de su éxito.

Y los hallazgos han puesto en duda algunos de los paradigmas que han llenado la educación en el mundo occidental. Para empezar, la educación formal en Finlandia comienza a los 7 años, la jornada diaria de clases es más corta de lo habitual y no tienen que someterse a exámenes ni pruebas para medir su conocimiento. Tampoco tienen sobrecarga de tareas en sus casas, por lo que hay más ratos libres para navegar por Internet, interactuar con otros amigos, escuchar música o practicar deportes. Los más grandes no tienen la presión de ir a la mejor universidad y se gradúan sin saber lo que es la angustia de la competencia.

Lo que se ha encontrado hasta ahora es que la mejora en la educación de este país nórdico no se resume en un fórmula mágica, sino que es el resultado de un concienzudo análisis que surgió cuando el gobierno se propuso, décadas atrás, ser más competitivo económicamente. De ese debate surgió un sistema inclusivo que acoge en sus aulas a niños de todos los estratos sociales y en el que se espera la excelencia sin importar de qué región o familia provengan. La escuela, además, involucra cosas diferentes a educar: se garantiza alimentación, salud y apoyo psicológico para los niños y su familia.

“Pero lo que subyace en el corazón del éxito educativo de Finlandia es el perfil de los profesores”, dijo a SEMANA Andreas Schleicher, consejero en educación de la OECD y quien estuvo de visita en Colombia. Si bien antes no se requería mucho entrenamiento, hoy, incluso a los profesores de primaria, se les exige que tengan como mínimo una maestría. Esto es fundamental para el tipo de educación que actualmente se requiere, en la que el conocimiento no es tan fundamental como la creatividad, la flexibilidad, la iniciativa y la habilidad para aplicar el conocimiento a situaciones nuevas. En un informe hecho por la OECD sobre el caso Finlandia, un directivo de Nokia señaló que si contrata a alguien que no tiene los conocimientos de matemáticas o física que se necesitan para esa empresa, hay colegas que pueden subsanar esos vacíos en un par de semanas. “Pero lo que no puedo enseñar es a que piensen diferente, a que tengan ideas originales y a que no tengan miedo de cometer errores”.

El alto perfil de los profesores también garantiza el diagnóstico temprano de las dificultades de aprendizaje de los niños y sus soluciones. Tal vez por eso, los que van más atrasados que el resto no necesitan contratar profesores particulares ni ser separados de los más ‘pilos’. La idea es que los mejores jalonen a los quedados. Por ejemplo, no es raro que el maestro lleve a los niños de 9 años a un parque para aprender matemáticas. La profesora les pide que recojan frutos, palos, piedras y luego, que identifiquen las formas geométricas.

La pregunta del millón es si se puede trasladar la experiencia de ese país a Colombia. Schleicher señala que se deben buscar experiencias exitosas afuera, pero también adentro, pues “en Colombia hay ejemplos de escuelas exitosas cuya experiencia podría ser adoptada por otras”. Pero tal vez la gran lección de Finlandia, dice, es que invertir en los profesores paga.

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Fuente:

http://www.semana.com/vida-moderna/menos-tareas-mejores-notas/155486-3.aspx