La Disyuntiva de Perder el Año o Estimular la Mediocridad

Nuevamente se establece una especie de juego paradójico y se prenden las alarmas inexplicable o razonablemente, en torno al resultado de la evaluación de los estudiantes con la aplicación del nuevo Decreto 1290, a través de los sistemas de evaluación.

La mortalidad académica, incluso durante la vigencia de Decreto 0230, era altamente alarmante también, pensamos los docentes que era peor; sin embargo, algunos agentes implicados en el proceso educativo, salvo la mayoría de educadores, no mostraron jamás la misma preocupación que aflora en los actuales momentos porque estaba garantizada la promoción. Un estudiante podía perder seis u ocho áreas y alcanzaba dicha promoción al otro grado, situación que generó en las nuevas generaciones de estudiantes del país una vergonzosa y débil actitud con sus obligaciones escolares.

Esta particular situación se ha ido convirtiendo en un lamentable círculo vicioso, que en nada tiene que ver con la nueva orientación para evaluar el desempeño de nuestros estudiantes en el marco del nuevo decreto 1290 y los mal autónomos sistemas de evaluación institucionales, los cuales pierden valides en las instancias finales del año lectivo, dado que, es casi una penosa obligación, la promoción de los estudiantes aún perdiendo varias áreas y para atender las maniobras de las autoridades educativas de este país en detrimento de la calidad de los ciudadanos que se forman en las instituciones educativas y violando flagrantemente lo que se tiene dispuesto en los Sistemas Institucionales de Evaluación de los estudiantes.

 A continuación compartimos nuevamente una interesante reflexión y análisis para quienes tenemos la responsabilidad de formar ciudadanos de bien, ciudadanos con calidad humana, capaces de transformar sus propias realidades  y con alta capacidad productiva y creadora.

¿PERDER EL AÑO O ESTIMULAR LA MEDIOCRIDAD?

Reportaba El Tiempo en su edición del 26 de agosto de 2010 que “el 30% de estudiantes va perdiendo el año escolar”. La razón aducida es el cambio en la evaluación, o en otras palabras el advenimiento de la exigencia académica a una generación de estudiantes que desconocía esta palabra en la práctica.

Esta cifra aunque preocupante (en el colegio donde laboro el porcentaje es mucho mayor) no lo es tanto como la declaración hecha por Jaime Naranjo, subsecretario de Calidad y pertinencia a El Tiempo: “Estamos muy sorprendidos porque encontramos que el 30% de los niños está reprobando y eso sería una catástrofe porque ellos van a abandonar la escuela o van a ser señalados de fracaso escolar”.

Sin embargo, para la mayor parte de maestros esto no es una sorpresa. Desde el 2009 muchos maestros advertían que el cambio del 230 en el que se obligaba a promocionar estudiantes con 6 u 8 materias perdidas para no sobrepasar el 5% de repitencia crearía un choque en el primer año de su implementación. Esta predicción se vio reforzada a medida que avanzaba el 2010. Pues los estudiantes seguían dejando todo para última hora y aprender nunca fue la prioridad para la mayoría.

La catástrofe de Naranjo no es tan grande como que ha venido ocurriendo en la última década por la cultura de la mediocridad que vino de la mano del decreto 230. El rector de la Javeriana Joaquín Sánchez  S. J hablaba de la verdadera catástrofe en el ADN del 15 de julio: “Yo tengo una crítica sobre la situación del programa de cobertura del Gobierno. Ha sido una intención muy loable que tengo que aplaudir, ´pero ojo: la calidad de los estudiantes que llegan nos preocupa muchísimo. Tienen problemas de lectoescritura y en matemáticas, y la universidad tiene que soportar a veces las deficiencias de un mal bachillerato”.

Una situación que llevó que durante la vigencia del 230 se hicieran promociones de estudiantes de muy mala calidad. Recuerdo como encontré en grado 11, en el año 2008, un estudiante que no sabía las tablas de multiplicar ¿cómo pretender entonces que hiciera un cálculo estequiométrico en química? Pero este no es un caso aislado, tras una encuesta que hice la mayor parte de esa promoción no podía distinguir entre un adjetivo y un sustantivo ¿cómo pretender entonces que aprendieran algo de inglés? No obstante así perdieran cuatro, cinco o seis materias tenían que ser promocionados. Si se pasaba del 5% inmediatamente el CADEL vendría a recordar lo que la ley decía.

Así pues la ley del menor esfuerzo se convirtió en parte de la idiosincrasia de la juventud colombiana. Lo peor era que año tras año los estudiantes aplicados eran menos ¿para qué me esfuerzo si fulano que nunca hace nada también pasa? Decían con más frecuencia los estudiantes. Así empezó un descenso en la exigencia. De leer varios libros al año se pasó a solo uno, luego a unos ensayos, y ya presentar una lectura de más de una página era “darse garra”

Pero volvamos a las palabras del señor Naranjo. Él nos dice que los reprobantes “abandonaran la escuela o serán señalados” Pues esto depende también de los padres. Más de uno de los adultos actuales en algún momento del pasado perdió un año, y esto no significó la muerte o la pérdida de un órgano vital.

Es más muchos agradecen este hecho porque les hizo reflexionar y cambiar en su actitud y compromiso. Respecto a la deserción es importante tener en cuenta que medir la calidad solo en términos de cobertura y permanencia está generando promociones de estudiantes que pasaron por la escuela, pero esta nunca pasó por su cerebro.

Muchas veces los funcionarios de la educación o los legisladores –como los que aprobaron el 230- que están muy alejados de un aula a diario dicen, hacen y ordenan sin tener en cuenta que con exigencia hay excelencia. Recuerdo como hace pocos días una delegada de Cuba que venía a colaborar en nuestro colegio con un curso piloto asistió a ver una clase. Con antelación le pedimos que asistiera sin presentarse a los estudiantes como una delegada extranjera. Antes de mitad de año, con otros delegados los estudiantes se portaron como ángeles cuando se les avisó que una comisión cubana acompañaría una clase. En esta oportunidad la delegada entró acompañando a la maestra como si fuese una madre que buscaba cierta información. La diferencia fue monumental, Vio de primera mano la irreverencia, manoteo, grosería y demás. El modelo de clase cubano, que en el papel funciona perfectamente se vio interrumpido por las reiteradas interrupciones de una pelea en vivo, el matoneo de otros, y el irrespeto de unos pocos que no pueden retirarse del aula porque “se les atenta el derecho a la educación”, aunque ellos, con su actitud, se lo niegan al resto de la clase. La profesora cubana salió del aula como los docentes colombianos. Estresada, desanimada por no poder haber  alcanzado los objetivos pedagógicos trazados para ese día. Tras hablar con ella me dijo “en mi vida jamás había visto tanta grosería. Esa falta de respeto por el maestro no ocurre en Cuba”

La actitud desafortunada de nuestros estudiantes de hoy

Con la ayuda del modelo cubano se busca mejorar los aprendizajes en el aula. Pero esto de poco sirve si no se le da al maestro y a la escuela herramientas – o dientes – con los cuales exigir respeto y condicionar la permanencia. Espero que la retroalimentación de la experiencia de esta maestra llegue a oídos de los que toman decisiones.

Hay un matrimonio que ha generado resultados perversos en la educación colombiana. Priorizar la permanencia y cobertura con hacer valer solo los derechos de los estudiantes, sin hacer énfasis en los deberes. Esto ha llevado a que los estudiantes se han vuelto altaneros, groseros y nada se pueda hacer. Las reflexiones sobre los valores se siguen haciendo, pero no importa si el estudiante consume droga y la expende dentro del colegio con conocimiento de todos. Tal jíbaro no puede retirarse del sistema porque se le vulnera su derecho a la educación, y así tenga su debido proceso solo basta una decisión de alguien tras un escritorio para obligar a reintegrar a tal sujeto.

Los resultados de esto se evidencian a diario. Viene a mi mente la agresión física de varios estudiantes a los maestros de su colegio en el Centro Educativo Distrital José María Vargas de la Localidad de Ciudad Bolívar el pasado junio. Cuatro maestros resultaron heridos y varios más amenazados. Si las secretarias de educación creen que quitarle dientes a la disciplina escolar es una enseñanza para la vida, bien podría el gobierno eliminar todo tipo de multa y comparendo a las faltas de tránsito en aras al derecho a movilizarse. ¿Qué resultaría de ello? El caos. Es lo mismo.

Y es que a la par de la flexibilización hasta lo ridículo de la promoción durante la época del 230, se dio un creciente abandono de los padres de sus responsabilidades. La escuela se convirtió en un parqueadero de estudiantes. Y como siempre, en las reuniones de padres los acudientes de los estudiantes pilos siempre estaban, los de los casos que requerían mayor atención y seguimiento no aparecían. Esto dice mucho de la causa de estos problemas.

Mi preocupación actual, a parte de las señaladas, es que ahora que el decreto 1290 permite establecer cierto nivel de calidad por parte de los centros educativos, se pretenda volver a la permisividad por ser políticamente correctos. Viene a mi mente el caso de un colegio de concesión. A ellos se les dijo que debían buscar todas las estrategias para que los estudiantes aprobaran – Hasta ahí normal- porque el Distrito pagaba un millón por cada estudiante al año, y que si había una alta pérdida los estudiantes se retirarían con las consabidas consecuencias económicas. ¿Entonces qué es lo que prima en estos casos?

Otros directivos docentes del distrito también están preocupados en que una alta pérdida académica sea mal vista por una administración que prioriza la permanencia y cobertura. Toca preguntar si es menester seguir haciendo énfasis en esto cuando genera estudiantes en los que la responsabilidad, dedicación, cumplimiento y puntualidad le son tan lejanos como la sonda espacial Voyager 1?

El Espectador hizo eco de la alta perdida llevada hasta el momento, el 2 de septiembre de 2010. Me parecieron ilustrativos varios comentarios de los lectores. Veamos:

Dice flecha veloz 1943: Si se compara un bachillerato de los años 60′, con el actual, se pone de bulto alarmantes diferencias: el de antaño era un estudiante muy intelectual, sus conceptos matemáticos, sociales, etc. eran óptimos, pero sobre todo, era un alumno muy responsable y exigente. Comparen un bachiller del Externado Nacional Camilo Torres de ese tiempo con uno de ahora. No hay nada que hacer. El de hoy es mediocre, alevoso y facilista, con un pensum que aterra por lo pobre. Antes uno se ganaba la estadía en el Colegio por notas, por conocimiento, por conducta; ahora la cosa es facilito: promoción automática. En síntesis, señores: en lugar de avanzar merced a los avances técnicos de que gozan nuestros muchachos hemos retrocedido unos 50 años. Y la culpa es de los gobiernos, no de los maestros.

Dice Pepe 1972208: Con educación pésima, todo regalado hasta las notas, sin indicadores de calidad educativa, con una psicología absurda de no castigo, de todo es psicológico, padres ausentes de su hogares, cero formación moral y civismo…que se puede esperar, les están enseñando desde niños a “no hago más naa. Como la canción.”

Muchos estudiantes se dedicaron al consumo de drogas, se involucraron en pandillas, buscaron refugio en grupos e inventaron otras culturas urbanas y hasta se suicidaron buscando la salida más fácil. El Estado con sus leyes permisivas les otorgó esta licencia de olvidarse  de las responsabilidades del estudio y de sus deberes como seres sociales.

Todo se les da: alimento, subsidio de transporte, matrícula gratis, subsidio para materiales escolares, pre-ICFES, actividades de refuerzo, y hasta lúdicas los sábados… ¿qué más les podemos dar a cambio de nada?

Es una generación de padres y estudiantes acostumbrados a recibir en forma desagradecida; todo me lo dan no devuelvo nada a cambio… ¡Que comodidad!, ¡que mediocridad!, dio lo mismo en estos ocho años, preocuparse por estudiar, que vegetar en el limbo de la mediocridad, finalmente el Decreto decía que solo se quedaba el 5%; los regulares y los malos también pasaban sin saber leer, escribir, sumar, restar o multiplicar; debíamos cumplir con las estadísticas y los parámetros. Estos eran los indicadores de calidad, no la superación académica y humana de los jóvenes y niños.

Esta es la generación creada por la implementación poco inteligente de Leyes y Decretos que inculcaron la irresponsabilidad tanto de padres como de estudiantes. Pero lo bueno fue que incrementaron la conciencia en algunos  maestros que se volvieron más creativos, que acudieron a diferentes estrategias para lograr que sus estudiantes aprendieran lo que no les interesaba porque daba lo mismo hacer, que no hacer.  Y ahora nos culpan de los resultados a quienes formamos parte del sistema educativo Estatal. ¿Por qué los colegios privados que continúan con su buena imagen y calidad educativa nunca se sometieron al cumplimiento del Decreto 230? ¿Quiénes generan las Leyes? Y ¿en dónde se educan sus hijos? ¡No en colegios del Estado claramente! Ellos, quienes nos obligaron a aplicar estas leyes son los verdaderos responsables… Menor calidad, más gente que no piensa, que no critica, que no argumenta, más sometimiento.

Dice “Gidi”: Es mejor que ahora pierdan uno ó varios años y entiendan que en la vida real, sólo si se es bueno se surge; si se es mediocre como la gran mayoría de ellos…te despiden o haces quebrar hasta tu propia empresa. Desafortunadamente se venía gestando la más funesta, mediocre e inútil juventud; ya hemos perdido varias generaciones, ojalá estas nuevas se puedan salvar!!

La verdadera catástrofe no es la que este año se dé una alta pérdida de año (si lo permiten los que no están en el aula sino tras un escritorio lejano a un colegio real) sino la mediocridad y falta de valores que un sistema sin normas de exigencia académicas y de convivencia ha gestado. La disyuntiva ahora es ¿exigencia o mediocridad? ¿Perder el año o perder otra generación?

Nota: En el foro de maestros de la localidad de Engativá, se comentó que  los directivos están muy preocupados por el alto número de estudiantes que podrían perder el año, proponen estrategias desesperadas como recibir más trabajos manuales, trabajos escritos, así no tengan nada que ver con la asignatura. Se impuso que no puede perder más del 5%  para evitar problemas con la DILE. ¿Y el rigor por el conocimiento dónde queda? Se suma a esto un estímulo económico para rectores y coordinadores de los  colegios que no presenten una perdida mayor del 5%.

Ferney  Rodríguez Vargas

Localidad Engativá

2 Comentarios

Click aquí para enviar un comentario

  • la oligarquía colombiana no quieren ceder el puesto, e implementan leyes educativas en detrimento de la educación de la clase obrera y lo peor que esta clase le sigue el juego, con la lay del menor esfuerzo. Todo regalado.