Reflexiones de Semana Santa

De: José Luis Damián

1.- Me sorprende saber que la pasión de Cristo es un tema que llega profundo al corazón de mucha gente en todo el mundo. No dejo de admirar la devoción con que se llevaron a cabo  de manera espectacular y bien pensadas tantas representaciones de la pasión de Cristo (Via Crucis) en prácticamente todas las parroquias con las que tuve contacto esta semana.

2.- Es justo en esta emana en donde sale a relucir el verdadero compromiso espiritual de cada persona. Como en ninguna otra semana del año se le exige al Católico una entrega profunda hacia su fe. (Personalmente me doy cuenta lo mucho que pudo mejorar al respecto)

3.- En esta Semana Santa no solo Cristo está presente de especial manera, sino que el enemigo también se encarga de tentarnos con todas su fuerzas poniendo en nuestro camino más distracciones y tentaciones que nunca. Al diablo le interesa mucho que durante esta semana nos desconectemos espiritualmente. ¿Por qué será que en Semana Santa es cuando se organizan los mejores planes vacacionales del año?

4.- Me encanta que la Iglesia nos incite a aprovechar esta temporada para reflexionar sobre el perdón y el arrepentimiento. Trabajar para hacer una buena y profunda confesión es muy enriquecedor para lograrlo.

5.- ¿Por qué las escuelas tienen que salir de vacaciones durante estas dos semanas? ¿No sería mejor enseñarle a los niños el valor y la trascendencia de la Semana Santa en la vida de los católico a través de actividades y reflexiones especiales dentro de las propias instituciones? Lamentablemente el suspender actividades escolares solo provoca que  perdamos el sentido de esta temporada y lo remplacemos con el de diversión y descanso.

Pero por sobre todo lo anterior, la reflexión principal que me llevo es la de verdaderamente entender el sentido del amor profundo de Dios hacia los hombres. Que Cristo haya dado la vida por la humanidad no es algo simple y falto de importancia. Sino al contrario, debe entenderse como el  acto que le da sentido a todo.

Fuente: Diario de un catalico

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