Once contra Once

Camisa, bandera, gorra y boleta en mano, hacen de un aficionado al fútbol el momento más sagrado para cualquier desapercibido que transita la vía del deporte de masas, multitudes, dólares y grandes contrataciones, del sueño de niños y frustraciones de adultos se encierran fecha tras fecha a gritar sublimes el canto del aclamado equipo, verde, rojo, albiazul, celeste, merengue, entre otros, son el remoquete de narradores, fanáticos, comentaristas y hasta sacerdotes que mezclan el sermón del domingo con el gol de la fecha. Suena el silbato y las masas fluyen como cualquier poseído por la pócima más fuerte y agria para demostrar el sentimiento y la pasión terrenal, transportándola al más allá, con una dosis de veneno cruel y fulminante a la hora de ver a su equipo en acción, no hay solo pasión si no estremecimiento. Himnos protocolarios ante la salida de los equipos y el festejo se ve en cada una de las tribunas de aquellos elencos que en otrora fueron grandes por sus gestas y picardías deportivas y administrativas.

Pitazo inicial y el balón rueda a los sueños de unos desbordantes fanáticos que aclaman gol desde el saque de salida para borrar las penas laborales, estudiantiles, románticas y hasta delictivas. Falta contra el arquero; el juez sanciona, la afición abuchea la justicia… ¡Que ironía! Atrás del portero los verdugos esperando el error, aquellos que ingresan con la limosna recogida para poder acompañar su equipo como el más precioso de los triunfos. Doscientos para la boleta, y así llenan el marrano del ingreso al máximo coliseo del fútbol en cualquier ciudad de nuestra patria.

Grito e improperios vienen de hinchas a jugadores, es la cultura del estadio dominical, el matinal programa de  unos cuantos por que ya ni la familia asiste a este espectáculo de multitudes. Minuto 45 de la primera parte uno de reposición y el juez alerta en un encuentro de pocas emociones en las áreas, en la cancha, pero de bastante tensión en la tribuna. ¿Cuántos fanáticos a diario se juegan la vida por la pasión de un equipo al cual su color solo le dignifica la programación fecha tras fecha en la complicada liga colombiana?

El espectáculo de medio tiempo de porrismo y mascotas ya no se presencia al igual que el preliminar donde se promovían los talentos de la cantera del club.

Sale el arbitro y de nuevo la silbatina del respetable, cero a cero en los 45 inicial marcan un complicado segundo tiempo, los caretorta, los radiolos, deportivo independiente Medellín “medallo” con la ausencia de su perrito a espaldas, personajes legendarios de aquel estadio familiar ya ni asoman a las graderías del máximo escenario para presenciar el fútbol, el  Atanasio Girardot, (inaugurado en los juegos centro americanos y del Caribe en la década del 70 y maquillado para el próximo mundial juvenil de fútbol). Sigue el tramite del encuentro y una gran jugada dentro del área con definición de grande, a lo pelé o Maradona, definen el partido a favor del local. El uno por cero sello el emotivo pero estresante partido de fútbol, de once contra once en la tarde del domingo a las afueras del corazón de la afición.

OSCAR ALEJANDRO RINCON CARVAJAL EDUCADOR FÍSICO DE LA IEFA.

ACORD ANTIOQUIA LOCUTOR 049


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