Nuestro espacio vital: la crisis actual de Colombia. II

Ya en un artículo de éste blog se había definido el espacio vital como el lugar que nos da seguridad en el mundo y posibilidades de supervivencia. Valorar nuestro espacio vital implica en principio el reconocimiento del espacio físico como algo que nos pertenece inherente a nuestra naturaleza y las relaciones humanas que se generan en él.  Pero nuestro espacio vital se ha visto seriamente alterado, amenazado. Se ha precipitado sobre nuestro territorio, sobre nuestro espacio vital, llámese nuestro país; el abuso, la confusión, la violencia. Nuestras vidas se sienten acosadas ante los cambios y repercusiones que trajo el agravamiento de nuestros dilemas a causa de la pandemia. Quisiéramos superar todo esto y dejarlo atrás. Todo se ha complicado. Nuevos recursos como las vacunas son formas de contrarrestar la crisis en el mundo. No obstante, en nuestro país la pandemia está dejando serias heridas.

La Reforma Tributaria y las respectivas reacciones sociales en su contra, han sido consecuencias de la pandemia del COVID. No se dimensionó la crisis que se podía venir. Las recomendaciones de los científicos era la cuarentena estricta; una medida comprensible, ante la cual no sobra pensar que a lo mejor a nuestro país le falto más estrategia para contrarrestar ésta amenaza. ¿Acaso hubiera sido conveniente darle un respiro a la economía? Además, se suponía que el Gobierno tenía un plan económico de emergencia. El presidente Duque en algún momento mencionó una especie de impuesto solidario. Se suponía que se buscaría refinanciación alterna como uso de las regalías de ECOPETROL, o que aprovecharían las ganancias del sector financiero que en el 2019 fue cercano a 50 billones y en el 2020 fue cercana a 24 billones. Pero no; el peso del desgaste económico cayó sobre la población de menos ingresos afectada por las restricciones que trajo la pandemia, ese fue “el plan económico de emergencia”.

Si el país no estaba preparado para implementar una cuarentena estricta de varios meses la cual paralizaría la economía por que no se previó esto. Los otros expertos: los economistas advirtieron sobre los riesgos. Cuando la cuarentena ya llevaba dos o tres meses, el presidente mencionó el hacer más flexible el confinamiento. Hay decisiones que hay que tomar para salvaguardar nuestro espacio vital, en éste caso la nación, que son determinantes y no se pueden tomar a la ligera. Los retos se resuelven concentrándose en ellos, no dispersándose. En la cuarentena extendida el presidente Duque emitía un programa de televisión diaria ¿Cuáles eran los objetivos de éste programa? ¿Presumir? De otro lado Claudia López, alcaldesa de Bogotá insistía en hacer oposición al presidente ¿Acaso no es cuestionable rivalizar y pretender ganar espacio político a expensas de una pandemia? Pero tal vez eso no importe, a lo mejor el país vuelve a reelegir a un personaje político como éstos, así ocurrió con Álvaro Uribe. Sobre el manejo político en torno a la pandemia en nuestro país, seguramente vendrán análisis y comentarios. Por ahora recomiendo los videos de recia crítica al ambiente político actual del politólogo Gilberto Tobón, los cuales se pueden localizar en YOU TUBE.

El espacio vital en el que estamos requiere primeramente que nos apropiemos de él, incluso desde la moralidad, desde los principios morales que son los que proyectan las vidas y acciones humanas y consiguen la unión entre las personas. En cuanto a éste factor nuestro espacio vital Colombia requiere más atención y cuidado. Hay casos extremos. Solo por mencionar un caso: los falsos positivos. Como es que ahora se evidencia que se cometieron más de 6.000 falsos positivos y “nadie se dio cuenta”. Supongamos que cuando iban en 100, 1000, 2000, no se hizo un llamado de atención, una alerta sobre lo que estaba ocurriendo para hacer correctivos. Ahora vemos las consecuencias; la trágica pérdida de vidas y una institución como el ejército con muchas afectaciones y afectados.

Los principios morales como pueden pensar ciertos seres humanos no son eludibles y no son algo de segunda importancia, son los que en fondo nos sustentan y hacen que interactuemos efectivamente en nuestro espacio vital en el cual también están las personas. Pero un Estado o Gobierno que “no siente al pueblo”, le queda muy difícil el orientarse por “principios morales o vitales”. Por eso se presentan casos como el generado por el exministro Alberto Carrasquilla, promotor de la reforma tributaria, alguien de puro corte burgués, para quien la pandemia como que se convirtió en un motivo para oprimir más al pueblo.

En cuanto al potencial moral de la población creo que está debe regular su participación y acción, ser más consciente de sus derechos y procurar su unión desacuerdo a sus propósitos y necesidades apremiantes. Al pueblo colombiano le faltó anticiparse, tener más iniciativa para buscar contener los efectos de la presión que la pandemia ejerció sobre todos.  Ahora el pueblo efectúa una fuerte reacción. Pero durante la cuarentena extendida a pesar de conocer el tipo de Estado o Gobierno que tenemos en Colombia, el pueblo se confío de él. Ahora el Estado prácticamente “nos dejó tirados”. Crece entonces en nuestro país una sentida inconformidad. La cual se ha expresado con mucha fuerza y hasta con violencia.     

Sería preferible dentro de una democracia, una resistencia civil no violenta ante las grandes inconformidades, en la que el mismo pueblo y los bienes públicos no se vean seriamente afectados, evitando los excesos e iniciativas de violencia, incluso en las mismas autoridades como la policía. De todas formas, esta protesta social nos ha mostrado que las nuevas generaciones son un componente social que demanda más atención, incluso si se mira de forma básica; son las personas que, dentro de una o dos décadas, serán las fuerzas productivas y van a presidir nuestro país. Se deben aprovechar su potencial. Los espacios vitales deben renovarse periódicamente.

En cuanto al sentido moral del sistema político más sobresaliente en el mundo actual hay una realidad inquietante. La democracia en el mundo está en crisis. Esto se puede constatar incluso en el centro de la democracia mundial; en los Estados Unidos. Además del caso del expresidente Donald Trump, el cual es demasiado complejo para la democracia, en ése país recientemente también se presentaron manifestaciones violentas a causa del asesinato del afroamericano George Floyd.

 Este tipo de acontecimientos sociales de por sí indican anomalías de la correspondencia entre un Estado democrático y la población. La población cuando se manifiesta como que siente que tiene que hacer estragos y destruir. Si las manifestaciones multitudinarias del pueblo tienen destruir infraestructura y bienes de las ciudades para ser reconocidas y acatadas por el Estado, entonces la democracia no está siendo la expresión del pueblo.  Estas reacciones demuestran serias limitaciones democráticas de la población. Por lo tanto, son un indicativo entre otros de la crisis de la democracia actual. Aun considerando éste contexto, reitero que la mejor forma de reclamarle al Estado no es por medios violentos. A pesar de las tendencias mundiales actuales, el Estado Colombiano es responsable de desaciertos y errores. En cuanto al control de la pandemia debió buscar más respaldo internacional. En cambio, obtuvo más presión y críticas que ayuda.   Además, siendo Colombia una nación democrática se debe atender y escuchar todas las partes: educadores, trabajadores, científicos, campesinos, economistas, y ahora se evidencia también el que las juventudes en Colombia deben ser más escuchadas.

La falta de entendimiento entre la población y el Estado Colombiano se agrava con una falta de liderazgo político que se presiente. Por varios años el uribismo hizo confluir la mayor parte de la política. Ahora que el uribismo se ha desgastado por obvias razones, entre ellas el revisionismo hacia su líder se ha creado un vacío, una falta de iniciativas y guías en lo político. Pero el liderazgo es complejo, preferiblemente los líderes deben surgir espontánea y “naturalmente”. Como colombiano no veo actualmente líderes políticos consistentes. Siento que mi país se polariza de una forma o de otra. Miro a la derecha, siento desconfianza, miro a la izquierda siento desconfianza. Miro arriba y mis ojos se quieren extender su mirada al cielo, lo que me inspira una oración. Luego miro al frente y me digo: hay que seguir caminando con los que procuran el que nuestro espacio vital Colombia sea un mejor lugar día a día y nos brinde la seguridad integral para todos          

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